domingo, 11 de enero de 2015

Nacer en el Año Nuevo




En estas fechas de fin de año, el equipo de salud espera que tanto la navidad como el año nuevo, si están de suerte, lo puedan pasar tranquilos en su turno de urgencia, compartir alguna comida con el personal de salud, y que amanezca temprano para ir a sus casas y encontrarse finalmente con su familia, la que a veces va al hospital a saludar a sus familiares durante la tarde de la víspera.
Por otro lado, me imagino que las madres no desean que sus hijos nazcan en esas fechas, con múltiples argumentos para adelantar o postergar este feliz momento, pero finalmente esto ocurre en ocasiones, y muchas de estas veces son urgencias.
Este año me llamó la matrona que trabaja conmigo a eso de las 6 de la mañana, para decirme que la paciente de la placenta previa había ingresado hace unos minutos sangrando.
Había estado internada en una casa de acogida dependiente del hospital, puesto que provenía de una de las alejadas islas del archipiélago de Chiloé.
Ya había estado hospitalizada en semanas anteriores por sangrado, momento en que se procedió a madurar a su feto, una niñita, en caso de que hubiese necesidad de interrumpir el embarazo antes del término.

Se me vienen imágenes de situaciones similares, otras pascuas, otros años nuevos donde también tuve emergencias, también me acorde del relato del libro, “ Adiós a las armas”, de Ernest Hemingway, donde el protagonista y su amada sufren el resultado de una atención medica, al menos cuestionable en un hospital de Suiza.
El relato es vívido y desde mi perspectiva de medico obstetra, creíble.

Después de esta llamada, mientras conducía raudo al Hospital de Castro, emergió el recuerdo de un año nuevo hace 20 años en el Hospital del Salvador, imágenes que desde las profundidades de mi alma, aparecieron como si las hubiera vivido ayer.

En el año 1992, siendo aún un médico que se preparaba para ser ginecólogo- obstetra, en el antiguo Hospital del Salvador de Santiago de Chile, que originalmente fue un convento de monjas, donde ellas, aun conservan algún pequeño reducto en el complejo hospitalario y se las puede ver por los pasillos con sus atuendos grises con blanco.



En ese turno de año nuevo, no quedaba casi nadie, mis confiables maestros, médicos que en ese entonces tenían entre 40 y 50 años, se habían tomado merecidas vacaciones. También el equipo anestésico estaba diezmado,compuesto por becados, reemplazantes.
El Jefe de turno era un becado de tercer año, médico que había sido general de zona. (médico general en algún lejano lugar de provincia) por 6 años y había retornado a su beca de especialidad, la que ya estaba pronta a terminar.
Yo comenzaba mi segundo año de beca, el resto del turno, becados de primero, e internos o estudiantes de medicina.

Si, un gran Hospital con 13.000 partos al año en manos de un equipo reducido
Este becado de tercer año, tenia una impronta muy particular, era tranquilo, pausado, físicamente muy parecido al insigne personaje de Miguel de Cervantes, Don Quijote de la mancha, yo vendría siendo Sancho Panza en el esquema pero creo que en ese entonces, no tenia su aspecto ni menos su sabiduría.

A eso de las nueve de la noche nos llama la matrona de la sala de hospitalización para decirnos que esta paciente en cuestión (la cual también presentaba una placenta previa) estaba sangrando. Comenzamos a caminar juntos por los pasillos, con el resto del equipo, a la sala donde se encontraba.


Bueno, la paciente llevaba meses hospitalizada , ya había sangrado antes, y no había sido resuelta por el equipo de la sala a cargo. Supimos que en otros turnos de urgencia también había sangrado y no fue interrumpido su embarazo, de manera que nuestra esperanza era, luego constatar el sangrado, indicar alguna medida como un supositorio antiespasmódico e intentar postergar el parto para cuando pudiera ser realizado en un horario mas adecuado y por el equipo titular de la sala.
Al llegar, vimos a una mujer con un embarazo de término, con el antecedente de dos cesáreas anteriores, y sangrando activamente. Nos mostraron los apósitos retirados antes que también evidenciaban un sangrado importante. El becado de tercero, y en la práctica Jefe de turno, decide que la vamos a operar. Entraríamos los 2 a la intervención, de hecho éramos los más idóneos para ese trabajo en ese momento. Hablamos con el equipo anestésico, para que se prepararan para lo que venía. Debían disponer de vías de infusión de diámetros adecuados, glóbulos rojos, factores de coagulación , plaquetas, sangre total, etc.
Nosotros debíamos esperar una cesárea compleja, con daño estructural de la vejiga, extracción del útero, y lidiar con una hemorragia aguda grave que dificultaría el trabajo quirúrgico.
Fuimos a comer algo de lo que se había preparado para la cena de año nuevo que tendríamos horas después,  en conjunto con los pediatras, anestesistas, becados, internos y matronas.
Lamenté, que en el caso de esta paciente no se hubiera tomado la decisión de interrumpirla en el momento adecuado y por un equipo preparado para ese fin.
Pienso que hubo algo de desidia y quizas de evadir responsabilidades en esta situación.
Ese mismo año habían habido 2 casos similares, uno de ellos con malos resultados para la paciente e incluso para el equipo médico de turno que recibió a la paciente.
Un becado fue expulsado de la beca, (el hilo siempre se corta por lo más delgado) y el Jefe de turno fue amonestado.
El Jefe de la maternidad después de esa paciente recomendó una técnica quirúrgica especifica ante la eventualidad de que hubiera otro caso similar.
Al volver al pabellón, vi una escena que recuerdo hasta la fecha.
La paciente era trasladada desde su sala por una antigua auxiliar de servicio, y en las puertas batientes del antiguo pabellón, el marido y dos pequeños hijos se despedían entre sollozos de su madre y esposa, todos lloraban, no era un cuadro feliz ante el nacimiento de un hijo, era una despedida, seguramente esa familia sabía de qué se trataba y los riesgos involucrados.
Sentimos el peso de lo que se jugaba y lamenté la mala suerte de estar justo ese día de turno, lejos de mi familia y enfrentado a esta situación.

En pabellón, al abrir el abdomen y encontrarnos con un segmento uterino, lleno de vasos sanguíneos, supimos que ocurriría exactamente lo que habíamos temido, y para sorpresa mía, el cirujano a cargo decide abrir el útero en la zona baja, en el segmento, y extraer el feto a través de la placenta, y no como se había recomendado, en el fondo del útero, en una cesárea corporal,sacar al niño, seccionar el cordón, no intentar remover la placenta, y proceder con una histerectomía lo mas clásica posible.
No lo critico, hicimos lo que sabíamos hacer, pues nunca antes habíamos hecho una cesárea corporal, aunque técnicamente no parece nada distinto de lo que hacemos habitualmente, quizás el Quijote tenia la esperanza de que la placenta se desprendería gentilmente y nuestra operación no sería más que otra cesárea un poco mas sangradora que lo habitual.
Ocurrió todo lo que temíamos; sin embargo, actuamos rápidamente, al igual que el equipo anestesiológico, logramos sacar el útero, reparamos la vejiga y nuestra cirugía fue exitosa.
Esta aún joven mujer podría criar a este bebe y a sus otros dos hijos, aunque no tendría más niños.
No hubo reconocimiento de la jefatura, ni de nuestros pares, la vida en la maternidad siguió igual, nosotros no habíamos hecho nada distinto de lo que se espera de nosotros, y hasta olvidé el episodio.

Mientras conducía al Hospital de Castro me llama mi ayudante habitual, y me dice que no podrá llegar, porque no estaba en buenas condiciones, al parecer su fiesta de año nuevo estuvo mejor que la mia. Luego me llama la matrona para decirme que mi anestesista no respondía su celular.
Esto no hizo más que incrementar la soledad que siente el cirujano al enfrentarse a estas situaciones clínicas.
Le solicitaría al equipo del Hospital que me asista en este parto, el que no tuvo inconvenientes, y que ademas respondió eficientemente.
Mi paciente sale airosa de este trance con un hematocrito de 24 %, y yo vuelvo a mi casa, a relajarme y disfrutar de un día primero de enero con este sol veraniego que ya nos calienta en estas latitudes.
Mi señora me pregunta cómo me fue, yo le digo que todo bien.
Pienso en mis maestros y les agradezco sus desinteresadas enseñanzas y la entrañable amistad y cariño que se fraguo en mis años de formación.
Al ir a dar de alta a la paciente unos días después me dice que en el diario local apareció una entrevista por el nacimiento de su hija, ante lo cual la felicito, le pido el periódico para ver la noticia, pero su marido se lo había llevado para mostrárselo a sus familiares.
Espero que este año 2015 sea bueno conmigo y me mantenga alejado de las placentas previas por un tiempo.

La primera guagua del 2015 en Chiloé nació en el hospital de Castro

Amelia nació a las 7.16 horas a través de una cesárea de urgencia
La pequeña Amelia , fue la primera guagua del 2015 en la provincia, quien nació a las 7.16 horas de esta jornada a través de una cesárea de urgencia en el hospital de Castro. La bebé pesó 3,190 kilos y midió 48 centímetros. Su madre oriunda de la isla Lin Lin en la comuna de Quinchao, dijo que el parto se adelantó un día, y pese a este impasse todo salió sin contratiempos. “Estaba muy nerviosa, pero ahora estoy feliz porque todo resultó bien y mi pequeña esta sanita que es lo principal”, sentenció.

La joven madre, quien es técnico de enfermería y además trabaja en la posta médico rural de la ínsula quinchaína, dijo que su embarazo fue de cuidado y por eso que llegara a feliz término le llena de satisfacción. “Desde el quinto mes tuve que hacer reposo, ya que se me diagnóstico placenta previa y gracias a los cuidados hoy la estoy disfrutando”, precisó.

El rostro del papá de la lactante, evidenciaba su alegría de ser papá por primera vez, “es indescriptible la felicidad que siento en este momento, me siento pleno de ser papá”, indicó el progenitor quien se desempeña como operario del sistema que suministra la energía eléctrica en Lin Lin.




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