martes, 23 de septiembre de 2014

Matrimonios en Chiloé.


 

 

Hemos sido invitados a algunos matrimonios en Chiloé, todos ellos inolvidables, siempre el paisaje, el cielo, el mar, las pequeñas iglesias de madera, así como la gastronomía local juegan un rol preponderante.

Hace varios años atrás, recuerdo el matrimonio de un amigo de origen suizo, debimos embarcarnos en una lancha de recorrido, todos, los novios, familiares y amigos, en una navegación hacia la isla de Chelín, distante unas 2 horas y media del puerto de Castro.

Habían personas que venían de Suiza, habían llegado un día antes, entonces en ese momento viajado de Santiago a Puerto Montt en avión, continuar en bus hasta Castro para llegar a esta lancha de recorrido.

El matrimonio ocurrió en la bella iglesia de Chelín, con su estratégica ubicación al lado del mar,  para luego embarcarnos nuevamente a la vecina isla de Quehui, donde seria la recepción, que consistía en un típico curanto en hoyo.

Todo el recorrido fue amenizado por una orquesta que tocaba el tradicional tema,"¿a donde va la lancha?" , y todos respondíamos en coro, a "Quehui va".

Todo esto mientras la lancha avanza por los canales con sus hermosos y cambiantes paisajes.

Este fin de semana, fuimos invitados a otro matrimonio, la novia entró a la iglesia patrimonial de Chonchi, al ritmo de un pasacalles, al lado el orgulloso padre y detrás los músicos, acompañados de guitarra, acordeón y bombo, mas las mujeres cantoras que venías detrasito.

Demás esta decir que la novia se veía hermosa, y alegre, vestía además un chalequito de lana blanca, de fino tejido y con bordados y se alegraba al reconocer a sus amigos y familiares que habían venido de lejos a acompañarla.

El novio, sus hermanos y su padre llevaban todos una corbata de lana chilota que los distinguía del resto de la concurrencia.

Esta iglesia  tiene una bóveda, que es como un barco invertido, pintado de color azul, con estrellas de distintos tamaños, simula una noche estrellada, estuvo sin torre durante mucho tiempo porque un temporal de viento la botó.

En el altar esperaba el novio, los Padres del novio, los testigos y todos los demás, entre ellos nosotros.
 

El curita, uno joven, oficio la misa con mucha propiedad y siempre una gran sonrisa.

Los novios se leyeron cartas mutuamente, en forma natural, a veces con la emoción se les atragantaban las palabras haciendo de esta ceremonia algo distinto y entretenido para nosotros.

Al termino, la flamante pareja abandonó la iglesia, y fue recibida por los amigos y familiares con pompas de jabón que lanzaban los niños.

Una vez afuera, el sequito, encabezado por los novios camino por las limpias calles de la ciudad de los 3 pisos hasta llegar a la costanera, donde seguimos hasta el muelle de abrigo.

El hermano mayor del novio, bajo por una escala hasta llegar a la embarcación a vela que los esperaba, para los preparativos y encender el motor, la marea estaba extremadamente baja, así que todos temimos por el descenso por esta escala de gato que debía realizar la novia para embarcarse. Pero no había nada que temer, debajo del vestido de novia habían unas cómodas y seguras botas que permitieron que el abordaje fuera impecable.

Y así zarpó la barca por el canal Yal para terminar en Quinched donde sería la recepción, una vez que todos llegamos por vía terrestre, la nave recalo en el muelle flotante, y en la cubierta de proa, los novios se destacaban del resto de la tripulación.
 

Vítores y aplausos para comenzar la fiesta de este matrimonio a la Chilota.
 

lunes, 22 de septiembre de 2014

Música en el Café del Puente


La sorpresa, la emoción, el respeto, la alegría de una oportunidad mágica, impensada, es lo que pude ver en los ojos de las personas que simplemente habían entrado al Café del Puente para tomar un café con su pareja, con sus niños, o en una pareja de turistas norteamericanas que no entendían lo que estaba pasando.
Esos son momentos que se atesoran en el recuerdo.
Qué pasaba ?, el Maestro como se le suele llamar, y me refiero a Roberto Bravo González, pianista Chileno de quien no se requiere más presentación, necesitaba un piano para practicar las horas diarias de rigor.
Había una serie de conciertos que debía dar en Chonchi, en Dalcahue, y contaba con el piano de la Academia de las Artes de Castro, dependiente de la Corporación Municipal, pero justamente esa semana, las Municipalidades de Chile llevaban varios días en paro de actividades por mejora en sus condiciones laborales y de sueldo.
No había quién abra la academia, sin embargo el mismo Maestro, de algún viaje anterior, recordaba que en Castro había una Sofía que tenía un piano de estudio, y es así que desde su hotel, sin dudar de quien podría tratarse, llaman a la propietaria del Café del Puente para consultar si autorizaría que Roberto Bravo practicase durante esos días en el Café, y que solo serían unas horas al día.
Obviamente la respuesta fue un rotundo sí.
El músico llego 1 hora después, con su característico cabello blanco, un chaquetón, saludó al personal, pidió un tecito, y se sentó al piano.


La gente presente no entendía lo que pasaba, es así que inicia, probando el instrumento, el que se encontraba a punto, pues es afinado 4 veces al año, por el mismo afinador que viaja a revisar otros instrumentos en el sur de Chile.
Dado el visto bueno y la correcta afinación  comienzan a sucederse las melodías clásicas, melodías populares  unas tras  otras, y que correspondían a los conciertos en perspectiva.
De repente, una pareja entra al pequeño café, seducidos por la música, ya adentro, notan este ambiente de sobrecogimiento, el varón avanza unos pasos más estirando el cuello y ve al Maestro que como siempre concentradamente ejecuta la Polonesa Heroica de Chopin, no lo puede creer y dado que ya  no hay donde sentarse, pregunta en voz baja si pueden permanecer ahí.


El café se encontraba abarrotado, con gente de pié y sentada, quienes hipnotizados escuchaban la música.
Al final de cada pieza que era ejecutada a la perfección viene el aplauso cerrado, y comienza otro tema.
Así pasaron unas dos horas de estudio, más el pequeño intermedio para tomarse un té, vinieron las fotos, y los comentarios, los recuerdos de la gente que le contaba que lo había visto en tal parte, en aquel concierto, etc.

Yo tenía la impresión que Roberto Bravo era un hombre, un poco parco, siempre muy serio, actitud que yo entendía como timidez.
Recuerdo que en una oportunidad, cuando yo tenía 18 años me tocó viajar en tren de Santiago a Valdivia en Coche cama, qué viajes aquellos, en esos carros de madera, con coche comedor y todo, después de la cena, los asientos habían sido convertidos en literas con cortinas...., bueno, frente a mí estaba sentado, Roberto Bravo, no me dirigió la mirada, ni menos la palabra, yo supuse que no estaba para que le den la lata, así que ambos nos dedicamos a leer durante todo el viaje.
Ahora, lo encontré muy comunicativo con la gente, contento diría yo, y los parroquianos, que en ese momento, eran en su mayoría turistas, demostraban abiertamente mucho cariño y respeto para un artista que ha dado tanto por su país y por los jóvenes.

Esto se repitió por varios días, así que mucha gente tuvo la oportunidad de disfrutar por sorpresa un concierto de piano, mientras se tomaba un simple café.

Concierto en Iglesia Patrimonial de Chonchi