domingo, 10 de febrero de 2013

Reencuentro en Duhatao



Hacía 2 años que no íbamos a Duhatao, al sur de Ancud, nuestro amigo de otro continente nos había dejado desde todo ese tiempo por razones de fuerza mayor, de hecho su actual visita nuevamente será abreviada súbitamente por noticias del viejo continente.
Aproveche el viaje para participar de unas interesantes jornadas de 2 días, en que la comunidad civil se reunió a pensar Chiloé, desde varias perspectivas, respecto del pasado presente y futuro de este archipiélago, y como la gente de a pie puede inferir para lograr los cambios que parecen necesarios para enfrentar los nuevos tiempos, vi los espíritus llenos de temores, conscientes de las dificultades, de los  desafíos y (des)  esperanzas y mucha rabia por que los llamados políticos, no han cumplido con su labor de representar a la gente que los eligió, al parecer representan otros intereses.
Escuche las intervenciones de pescadores artesanales, científicos, estudiantes, huilliches, etc, además de las opiniones propias que pude expresar.

Pero no es el interés de esta entrada analizar temas de política contingente, el tema es el reencuentro con la amistad, con el cariño y además con la naturaleza prístina, salvaje, poderosa solitaria que tiene la casa de nuestro amigo.

No hay cobertura de celular en estos lugares, de manera que al acercarme, se pierde contacto con el mundo exterior, lo que aumenta la sensación de estar ingresando en una nueva dimensión del tiempo-espacio.
Afortunadamente llevaba mi GPS, que me permitió encontrar más o menos fácilmente la entrada a la propiedad después de un par de yerros.
En el camino se me cruzo un pudú, hembra, sin cuernos, y extremadamente pequeño y de pelaje oscuro, que huyo rápidamente al acercarme en mi vehículo, aviso inequívoco que estoy en un área donde aún la naturaleza está viva y emerge de todos lados.
La casa y el entorno estaba bien conservados a pesar de la ausencia del dueño, la gente del lugar se había encargado de mantener el lugar y desarrollar un par de nuevos senderos que aprovechamos de visitar.
Nuestro amigo, un poco más delgado que hace 2 años, quizás por los sufrimientos que le ha tocado vivir, estaba igual, igual de cordial, cariñoso y entretenido.
Un hombre jovial y culto, lleno de proyectos e intereses, pero interés por la gente, amante de Chiloé, su clima, su cultura, y sus tradiciones, y paciente con las personas, celebrando sus virtudes y entendiendo sus debilidades tan humanas como las que se ven en cualquier otra parte donde haya cultura campesina.
La conversación fluyó libremente pasando de un tema a otro sin preámbulos, acompañada de un buen vino, y un asado al disco que preparé.


A la mañana siguiente, el paseo de rigor, por el sendero que baja a los acantilados, los hombres que lo han hecho, se han abierto paso a través de una espesa selva de quilas, matorrales y árboles nativos, provocando la aparición de miradores para la contemplación, escalas, y huellas que finalmente llegan a esta playa del Pacifico.













La playa sin nombre aún, llena de piedras de todos los tamaños y enormes rocas en el mar, perforadas en su centro por la acción perpetua de las olas de este mar siempre embravecido y atemorizante.





Finalmente a Puñihuil los boletos, a almorzar congrio y empanadas, este Puñihuil, estaba con una actividad febril, diría con cientos de turistas embarcándose en los botes que hacen el recorrido para ver aves ,pingüinos,  huillines, y delfines australes, que viven en este verdadero santuario, que a pesar de estar siendo explotado por los locales lo hacen de una manera cada vez más sustentable y con un criterio conservacionista.
Adiós Duhatao, será hasta la próxima……………..



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