lunes, 19 de noviembre de 2012

¡¡¡¡¡Voy a la lancha!!!

¡¡¡¡¡Voy a la lancha!!!
No tengo aún un programa de navegación para estos próximos días, por el contrario, tengo mucho trabajo agendado para  la semana y la próxima, y la próxima....
A pesar de eso, aprovecho esta marea alta, y decido sacar mi lancha a la playa desde su seguro refugio, a sabiendas que eso implica visitas diarias, vigilancia, control de las amarras, temas de seguridad, revisión de la sentina, carga de combustible, agua, etc.



Los fines de semana son ideales porque puedo abstraerme en mi mundo náutico, y evadirme de las preocupaciones de la semana.
¡¡¡¡¡Voy a la lancha!!!, es mi grito a la salida en la puerta, a última hora, ya no hay tiempo de hacerme solicitudes de trabajos pendientes ni nada, claro, está el celular, pero abajo, en la playa la señal es mala.



Tampoco a nadie le gustan los trabajos de trapear, ordenar,  verificar las líneas de combustible etc.
Los tres perros son los únicos, alegres voluntarios, que no exigen nada a cambio, excepto la compañía, y esperan, pacientemente en el muelle, que termine mis labores.

Puedo escuchar música, beber una cerveza, en los minutos de descanso, también me muevo al compas del suave oleaje, que a veces agachado, logra marearme.
Enciendo la radio VHF, canal 16, y escucho conversaciones lejanas entre navegantes que solicitan autorización al puerto para recalar, comunican su zarpe, o conversan entre ellas para señalar alguna maniobra, etc.


Esta conversaciones y el ruido típico de la radio, el lenguaje náutico característico de estas llamadas, me hacen sentir que estoy en un mundo distinto, que estoy lejos, me evocan aventuras y viajes, a pesar que, apenas suena el teléfono avisándome que la once está servida,  regreso al mundo real,   no hago más que bajarme y subir a mi casa para darme por satisfecho de mi aventura reciente.