jueves, 10 de mayo de 2012

Ballenas en Chiloé

acceso a Bahia Pumalin
Ballenas en Chiloé
encuentro en el Canal Desertores


Como todos los años, nuestra salida de pesca  hacia Chiloé continental, en relación al cierre  de la temporada de pesca, es siempre difícil.
Delfines australes
Hay que concordar la fecha, postergar compromisos de trabajo de cada uno de los participantes.
La veda que comienza el primer domingo de mayo, permite que las especies de salmónidos se reproduzcan y preserven, aunque en nuestro rio, que drena en un estuario, no hay veda, y se puede pescar todo el año según la legislación Chilena.
El viernes 4 de mayo en la mañana, con aviso de mal tiempo, el puerto de Castro se encontraba cerrado desde la noche anterior para embarcaciones menores de 50 TRG, (la Isabel tiene 10 TRG) el  informe meteorológico o meteo, consignaba aviso de temporal en la boca del Guafo.
Finalmente, a eso de las 10 AM, logramos zarpe provisional hasta la Isla de Quehui, por lo menos podríamos pernoctar ahí hasta la mañana siguiente en espera de mejores condiciones.
Desde nuestra perspectiva en el sector Nercón del estero de Castro el tiempo era bueno, y no entendíamos bien la prohibición.
Zarpe sector Nercón, estero de Castro

En todo caso los pertrechos estaban a bordo, y habían muchas expectativas en el viaje, se habían cursado los difíciles permisos familiares, para los que hay que hacer méritos por meses, permisos laborales, etc. de hecho un  par de antiguos pescadores-navegantes abandonaron por dificultades al respecto y debieron ser reemplazados por otros 2 nuevos entusiastas.
Uno pensaría que si se invita a una experiencia como ésta sobrarían los interesados, pero no es tan así.
 Finalmente, zarpamos con una velocidad inicial de 6 a 7 nudos mientras se calentaban los motores, y estibaba la carga, dentro y fuera de la embarcación, ya que en Chiloé en cualquier momento cambia la condición de navegación y empiezan a caerse las cosas por la borda y al interior de la lancha empiezan a quebrarse vasos y platos, dando más dramatismo a la situación.
Sin embargo, nosotros zarpamos tranquilamente, luego de dos horas de navegación, estábamos a la cuadra del canal entre las islas Quehui y Chelín.

Nuevamente, y dadas las buenas condiciones climáticas, llamamos a operaciones de la Armada de Chile, quienes finalmente nos autorizan el cruce hasta Bahía Pumalín , a través del Paso Imelev, canal Chaulinec, el siempre impredecible canal Apiao, y Canal Desertores.
Es así como dejamos atrás, las Islas de Alao, Apiao, que forman un amplio canal con la isla Chaulinec hacia el sur.
Pasamos el extenso bajo de la punta de Chulin, navegando lo más al sur de él, ya en años anteriores había tenido unos problemas con esta barra.
Empieza a hacerse visible el imponente Islote Nihuel o “silla del diablo” según los locales, esta formación rocosa vertical y de superficie plana en la punta, es lo más parecido al cerro de la película “Encuentros cercanos del tercer tipo”. Pero en la mitad del mar, tiene un claro origen volcánico, y su aspecto es siempre sobrecogedor y amenazante.
Islote Nihuel o silla del Diablo

Monte Vilcún y Volcan Corcovado
En el viaje habíamos visto cormoranes, gaviotas, petreles y muchos albatros  de ceja negra, así como pingüinos de Humbolt, lobos y delfines que nadaban gráciles en la proa de la embarcación, nosotros los observábamos por largos minutos, así como ellos nos miraban desde el  agua.



Fue en ese momento que a lo lejos observe los geiseres que se levantaban sobre la superficie del mar, y los enormes cuerpos que se desplazaban sobre el mar para luego desaparecer, en un momento aparece la inconfundible y larga aleta ventral de una ballena yubarta que nos invitaba  a acercarnos más, nos dirigimos hacia ellas y nuevamente aparecen en la superficie, tan cerca que debo bajar la marcha abruptamente para no embestirla con la embarcación.
Observamos el espectáculo de varias ballenas apareciendo y nadando suavemente mostrando sus lomos y aletas dorsales, sus impresionantes resoplidos. Debo reconocer la gran emoción que todos sentimos, es una señal de esperanza,  de que el mundo aún tiene un lugar para estos magníficos animales, que estén vivos y aquí, a unas horas de donde vivo, me dice que a pesar de la contaminación y la depredación es maravillosos que estas especies aún naden libres en estas aguas.
A lo lejos los chorros de las ballenas






Seguimos con nuestro derrotero, y las 4 almas que estábamos a bordo, 3 médicos y un biólogo marino, quedamos en silencio, tratando de asimilar la inesperada experiencia.

Empezamos a otear el horizonte por la popa como despidiéndonos de las ballenas, se veían  otras más al norte, a unos 5 o 10 km. de las que tuvimos tan cerca.
Aún era temprano, el mar estaba calmo, y decido volver sobre nuestra estela para verlas de nuevo, desatando nuevamente la alegría de la tripulación.
En forma imprevista el viaje ya se había pagado, los delfines, las ballenas y las aves, además de esta navegación tan grata, sin dejar de mencionar la belleza escenica, que es imponente en estas latitudes, todo era un regalo para nosotros, y que incluso superaba las expectativas en torno a la pesca.
Subiendo el Rio
 Nos fondeamos con 2 anclas,  dejamos 80 metros de fondeo, sabíamos que el tiempo se venía malo, al día siguiente teníamos la súper luna, y mareas altas de más de 7 metros de variación entre la mínima y la alta.
Esa noche fue plácida, asado en cubierta, buenos vinos, amena conversación, buena música y a dormir.
A la mañana siguiente, al río. Estaba cambiado respecto del año anterior,  se habían erosionado las orillas, muchos arrayanes estaban en el lecho del río, eso había ocurrido hace poco, producto de las crecidas.
Maravilloso atardecer en el Purilauquen

Pescando en el Rio


La jornada de pesca estuvo maravillosa, con captura y liberación de hermosas piezas, un sándwich y cerveza a media tarde para continuar con nuestra incansable labor de cambiar la mosca, y probar suerte detrás de cada árbol sumergido, detrás de cada roca o al término de una correntada en un profundo pozón.
Primera trucha arco iris


Robalo en el rio, es de agua salada, pero sube por efecto de la marea, se devuelve como si fuera trucha

Trucha Arco iris

Hay tiempo para meditar, y uno realmente se desconecta, como casi no me ocurre en ninguna otra actividad.
Colación de media tarde


A las 17 horas, iniciar el retorno, en esta latitud en esta etapa del año, a las 18 horas ya es de noche, y no es sano salir del rio y encontrar la lancha en la bahía en la oscuridad, a pesar que queda con su luz de tope encendida, y contamos con equipo de visión nocturna para cualquier eventualidad.
Ya empezaba el frente de mal tiempo a mostrar su verdadero poder, fuertes rachas de viento azotaban la embarcación la que se desplazaba de babor a estribor, en un giro que describía un arco de 40 metros hacia la derecha y luego a izquierda, siempre aproada contra el viento.
A pesar de ello, la vida dentro de la embarcación era grata, y no se notaba lo duro del temporal, hasta que salías al exterior.
Verificábamos cada cierto tiempo que las anclas no garrearan sobre el fondo arenoso de la extensa bahía Pumalín.
Después de una sobresaltada noche, la mañana se veía desoladora, el temporal seguía sin disminuir su fuerza, y la situación en el golfo de Ancud y Corcovado era imposible para embarcaciones menores, la autoridad marítima, suspendió labores de pesca y buceo, así como las actividades en los cultivos de peces y los Puertos de Chaitén y Quellón, con los que teníamos contacto radial, permanecían cerrados.
Aún así, salimos de nuestro encierro y logramos llegar al río después de atravesar la convulsionada barra del rio, luego, a un par de km sobre el desagüe del río, el clima se torno plácido, dejo de llover y pudimos disfrutar de una nueva jornada de pesca.
Capitán y pescador
Al regresar a la lancha, la situación climática era otra, y la calma empezó a instalarse en nuestro pequeño mundo.
Nuevamente asado en cubierta y gran cena de cierre.
A pesar de navegar desde hace más de 10 años por estos canales, estoy preocupado por lo que nos espera al día siguiente.
Después de un temporal, en este caso con vientos del nor-norweste, el golfo siempre queda con oleaje residual que tarda mucho en decaer, esta es una embarcación no lo suficientemente grande como para dar tranquilidad, a pesar de que los 2 motores son una garantía, pero en mala condición climática, la supervivencia depende además de nunca bajar la guardia y estar atento a la dirección y tamaño del oleaje, así como a la velocidad, y buena estiba de la carga.

Zarpamos a las 8 de la mañana, en un viaje hacia Castro, que finalmente tomó 7 horas y 15 minutos, en vez de las 5 horas que tarda con buena condición, debí navegar aproado al nor-weste, para luego caer al sur-weste, para evitar enfrentar el oleaje de través, haciendo en ciertos momentos penosa y sacrificada la navegación.

Ya a la cuadra de Alao, la navegación se hace más segura, entrego el mando y puedo disfrutar de un desayuno,  quedan 2 horas y media para recalar en Castro
De noche a Bordo


Esa tarde, a las 20 horas, operamos una cesárea que teníamos programada, y que hacía imperioso nuestro regreso a casa.


Remontando el rio

Era una pareja con una infertilidad de más de 19 años de evolución, con un bebe concebido por fertilización in vitro, una madre primeriza de 40 años.
El premio a nuestra aventura fue un hermoso y sano recién nacido de 3.000 gramos, y toda una familia de Curaco de Vélez, esperando al recién llegado.
Mención honorífica a
Ariel Roizman, Cocinero y tripulante, Médico Gíneco-obstetra
Miguel Fica, Chef, Médico anestesiólogo
Branco Papic, Tripulante, Biólogo marino.
Milan Papic esperando a su papá



3 comentarios:

olo dijo...

Muy interesante, bellísimo reportaje. ¡Qué hermoso es el Sur de Chile, y qué importante es para todos, chilotes o no, preservarlo así!...Desde el calor que ya empieza a abrumar del Sur de España, un abrazo.

José Caucamán Pérez dijo...

Me encantaron las fotografías de ese mar interior Mar Chilote. Se nota, "a la legua", que estás enamorado de esas tierras y gente chilotas. Hermosas vivencias atrapadas por tu cámara fotográfica. Un saludo cordial y afectuoso a tu mamá Gloria y a tu padre, Carlos, mis buenos y nunca olvidados amigos de tantos años. José Caucamán Pérez: jcaucamanperez@gmail.com

Santiago, 25 de junio de 2012.

Anónimo dijo...

Muy buena la aventura era como estar nevegando con ustedes en ente hermoso paseo