domingo, 4 de septiembre de 2011

LA NUEVA TRAGEDIA DEL ARCHIPIELAGO DE JUAN FERNANDEZ NO ES UN ACCIDENTE.

El país está convulsionado con la problemática de la educación, después de 3 o 4 meses de movilizaciones, donde aparentemente las posibilidades de un diálogo parecieran empezar a abrirse, no sin serias dudas, de parte de los estudiantes y gran parte de la ciudadanía, por la falta de credibilidad de nuestras instituciones, y las leyes y mecanismos de nuestra democracia.
A esta coyuntura se agrega la tragedia aérea ocurrida en el archipiélago de Juan Fernández, este viernes recién pasado, donde pierden la vida conocidos personajes públicos, y otros más anónimos, que estaban en sus obligaciones funcionarias, como las dos mujeres del Consejo de la Cultura, que iban a capacitar a la comunidad de la isla, en un fin de semana, dejando en esta tragedia a sus familias, sumidas en el desconcierto, y tristeza por la pérdida irreparable, o los funcionarios de la FACH.
No conozco el Archipiélago de Juan Fernández, del que tanto hemos oído y visto en reportajes y fotografías, dónde se hace evidente una belleza casi tropical, además de lo que la imaginación ha colocado en nuestro imaginario, desde que leímos las aventuras del marino abandonado y que hoy, nombra a esta isla principal.

Siento una gran solidaridad con ellos por su condición de isleños, que al igual que nosotros vivimos en un archipiélago.
Al ver las imágenes y videos del aeródromo de la Isla de Robinson Crusoe, con esa ubicación impresionantemente precaria, cuya pista está cortada a pique en sus extremos por sendos acantilados, que no cuenta con torre de control que informe al piloto sobre los vientos predominantes, obligando a los pasajeros, una vez que aterrizan a bajar por un acantilado y tomar una pequeña embarcación y navegar hacia el pueblo, me doy cuenta de la precariedad y real aislamiento de estos compatriotas.
A veces durante semanas no hay posibilidad de vuelos hacia y desde la isla.
No olvidemos que en febrero del 2010, el estado chileno y sus instituciones, no fueron capaces de avisar a los isleños que se dirigía hacia ellos un tren de olas, producto de tsunami que se desencadeno a propósito del terremoto que afecto a nuestras costas.
Las muertes de niños y cientos de adultos inocentes, devastaron a la pequeña comunidad de la isla, así como a otras caletas, y poblados costeros de nuestro país.
También fue devastada la principal base naval de la marina Chilena, con enormes daños en su infraestructura y en las unidades navales, que eran pilares del sistema de defensa de nuestra soberanía.
La máxima autoridad de la armada permaneció en su casa y recién se comunico con el gobierno horas después del desastre, aproximadamente a las 16 horas, recordemos que el terremoto y tsunami, fueron en la madrugada.
Fue precisamente la institución bajo su mando, la que fallo en dar la alarma de tsunami, sin embargo, ahí permanece en su cargo hasta la fecha.
Desde mi perspectiva, esta tragedia aérea que hoy enluta a Chile, era cosa de tiempo que ocurriera, y refleja simplemente, el centralismo grave que padece desde siglos nuestro país, donde las autoridades deciden sobre proyectos e inversiones, evaluando solamente en relación al número de votos disponibles.


Los Chilenos olvidados de la Patagonia, que a veces se sienten más identificados con Argentina, o los Rapa Nui, más próximos a sus hermanos de la polinesia francesa que a Chile, o nosotros los Chilotes que tanto protestamos por la denegación crónica que afecta las políticas sociales y de inversión para estos chilenos que somos los que hacemos patria a lo largo de Chile todos los días, y que hoy defendemos nuestros recursos y bellezas naturales de la depredación.
La responsabilidad de esta tragedia, no está en las manos de los pilotos del Casa 212, está en los años de abandono y falta de inversión que afectan crónicamente a la provincia en Chile.

1 comentario:

olo dijo...

Muy cierto todo lo que dices. La urbanización lleva a la capitalitis, que es un problema que afecta a muchos países del mundo, entre ellos España. El país se convierte en un territorio colonizado por la capital, y ello es así no por la mala intención de los capitalinos, sino por la naturaleza de las cosas. Los capitalinos están encerrados en una prisión, la megaurbe, dentro de la cual hay otra prisión en la que está encerrado el gobierno, que sin embargo toma las decisiones para todo el país. Un contrasentido. Los gobiernos deberían dedicar una parte de su tiempo en viajar a las regiones y provincias, pero en bloque, todos los ministros con el presidente, a reunirse con la gente de las periferias y tomar decisiones enfocadas hacia el futuro. Hoy los ministros, cuando van a provincias, lo hacen para una emergencia (comportamiento reactivo) o para “pasear la bandera” (captar votos).