domingo, 24 de julio de 2011

Kayak de Mar o de travesía



Cuando la abstinencia por mar alcanza su punto máximo, independientemente del clima, debo escapar, aunque sea por un par de horas a navegar en kayak de mar, no es temporada de pesca, así que ese no es tema.
Antes de entrar de lleno en el tema, me permito reflexionar sobre cuál es el mecanismo psicológico, que lo impulsa a uno a tener la necesidad de entrar en contacto con la naturaleza, o los elementos.  Pero no solo eso, un personaje como yo y muchos otros que he ido conociendo, no pueden resistir la necesidad de entrar a una tienda de pesca con mosca y salir con algo, que quizás nunca ocupe, una nueva caña, un carrete, un accesorio, un gorrito, algo que logre mantener, de esta manera, la conexión fuera de temporada, con su pasión, que finalmente es lograr escapar hacia la naturaleza.
Así ocurre con otros deportes o actividades que se desarrollan al aire libre.
El Kayak, es una de esas actividades, que afortunadamente se pueden practicar todo el año.
He solucionado con el tiempo varios temas de logística, que hacían a veces sacrificada y penosa la tarea de situarme finalmente, a bordo de mi kayak en situación de navegación.
Primero que nada, el kayak de mar está diseñado para navegar largas distancias, a diferencia del kayak de río, pequeño y maniobrable, o el que se usa para surfear olas que es más largo, u otros francamente de juego, o inflables, recreacionales, o para el borde de la playa, como los que se ven en los resort turísticos del Caribe.
El Kayak de mar, por su longitud, no es muy maniobrable, los virajes son más amplios, sin embargo alcanza mucha velocidad, y permite gran capacidad de carga, y recorrer largas distancias.


El timón abatible, aumenta mucho la capacidad de maniobra, en mi caso utilizo uno de fibra de carbono que se maneja con los pies, aportando fundamentalmente, a aumentar la estabilidad lateral y permitir en caso de cansancio o lesión, remar con un solo brazo o por una sola banda, sin perder el rumbo, definitivamente es un accesorio fundamental.
En segundo término se requieren compartimentos estancos o bolsas de aire en el interior, para aumentar la flotabilidad en caso de hundimiento, y que exista la posibilidad de recuperar la embarcación.
En la navegación debemos llevar además una bomba de achique manual, radiocomunicación, GPS, que permite tener un control claro de la velocidad y rumbo, casco, guantes, remos con paletas puestas en ángulos diferentes, en caso de remar contra el viento y con una cuerda de seguridad a la muñeca para no perderlo en caso de volcamiento o descuido.
Otro elemento que incorpora mucho confort, es el traje seco, que permite vestir ropa seca en el interior, es liviano, confiere gran flotabilidad, es fácil de sacar y poner. Esto de sacar rápido,  es muy importante, después de navegar varias horas y querer detenerse en algún lugar por razones fisiológicas.
Finalmente chaleco salvavidas corto y faldón, para evitar embarcar agua por el cockpit.
Otro elemento básico es una pequeña linterna frontal, y una cuerda flotante de varios metros de largo y agua dulce para beber.
Estos elementos deben estar disponibles, aunque uno pretenda un pequeño paseo, el mar finalmente es el mar, y cobra cualquier error o descuido.
Me inicié en lo del Kayak gracias a un amigo suizo, que construyó una hermosa canoa canadiense que ahora me acompaña en algunas excursiones de pesca con mosca.

Además, construyó este kayak de mar, con un diseño y técnicas constructivas clásicas. ( ver libro KayakCraft de Ted Moores, un libro de  WoodenBoat.)



Inicialmente los construyó para él, sin embargo a propósito de un viaje a Francia de él y su señora, fue la oportunidad para adquirirlos, en un proceso de compraventa de largo aliento. El hecho de que sean artefactos finamente construidos en maderas nativas, mañio, alerce y cipres, hacen de ellos, objetos realmente bellos.
Navegar en Kayak es distinto de un bote u otra embarcación, definitivamente es algo personal, para mí, es como trotar, tu mente divaga, vuelve para ver el oleaje, la ruta, el viento, la costa, las aves marinas que se acercan con curiosidad, gaviotas que sobrevuelan a baja altura, mirando a este vehículo de rápido desplazamiento, que no produce ruido.
Viene el cansancio, hay que retomar a un nuevo ritmo, y así pueden pasar horas.
Da una sensación de compenetración con la naturaleza, finalmente de formar parte de ella sin agredirla, estas navegando gracias a tus propias energías, a nivel de la superficie.
En este paseo, pude observar, pingüinos, cormoranes alimentándose y tratando de engullir sus peces con rápidos movimientos de cuello, pues tragan sus presas enteras.
Aquí en este fiordo de Castro, está lleno de patos vapor, patos guala y cisnes de cuello negro que nadan en parejas y a gran velocidad, cuando intento acercarme, ellos no se molestan en emprender el vuelo, seguramente adivinan que no es mi intención hacerles daño.
Pasan grandes pelicanos en vuelos rasantes, y finalmente amarizando, en aparatosas maniobras, con sus patas palmípedas como verdaderos trenes de aterrizaje.


Desde el mar veo la costa, las nuevas construcciones del vecindario, paso por el astillero de unos amigos constructores de grandes lanchas, a observar los nuevos avances de las varias embarcaciones que están en proceso de construcción,  empieza a salir un fuerte viento norte que zumba a través de los orificios del casco, el cielo se torna gris y amenazante, el tamaño de las olas aumenta, y  algunas, de vez en cuando, hunden la proa de la embarcación.
En Chiloé en invierno a las 17 horas ya comienza a oscurecer, debo emprender el retorno, los perros me reciben felices en el borde costero, salgo sin ellos que no pueden acompañarme, quedan inicialmente desesperados en la orilla, luego se calman, esperando pacientemente mi regreso, así que cuando vuelvo,  se meten al agua y con sus patas y ladridos me dan la bienvenida.
Ya no tengo ayudantes voluntarios que me ayuden a subir o bajar el kayak, están en sus computadoras, así que debí ser autosuficiente en este tema también, y aquí, mi máxima innovación cumple su  principal labor, vivo en un cerro, al lado del mar, y antes, al subir el kayak hasta la casa a pulso, acababa con mis últimas energías, dejándome al borde del infarto.
Ahora, unas ruedas de bicicleta, colocadas en una antigua barra para hacer abdominales y una cuatrimoto, me llevan hasta la puerta de entrada de mi casa, rápida y eficientemente, siendo la guinda de la torta de estas breves aventuras de fin de semana.

2 comentarios:

olo dijo...

Preciosa entrada. Capta uno la emoción de verse sumergido en la naturaleza. El kayak y la canadiense, bellísimos. Hice un sendero hasta la playita de Duhatao, y ahora ando dándole vueltas a qué tipo de bote pequeño tener allí. Me inclino por el aluminio, porque hay muchas piedras.

Miroslav dijo...

Olo, gracias por tu comentario, la idea de estas sencillas entradas, es transmitir las cosas buenas de vivir en la provincia, y al lado del mar.
En mi opinión, considero frágiles los botes de aluminio, he visto un par de estos botes, en que han cedido los remaches en los puntos de unión, esto por el golpe de una ola en lago.
Además no tienen flotabilidad propia, y en ese mar de Duhatao.
Para mi lo ideal es un semirigido, con fondo de fibra y flotadores de goma, ademas son livianos. Pero tambièn podria ser de madera. Un autentico bote chilote de cipres de las guaitecas